Don Antonio de Leiba

(Leyva o Leiva, que con las tres grafías se encuentra su apellido escrito). Sobre su nacimiento hay dos versiones. Una—tal vez la más citada— lo sitúa “en un pueblo insignificante de Navarra” de familia muy humilde cuyo padre era zapatero. Sin embargo, Gonzalo Fernández de Oviedo, cronista de los Reyes Católicos, en su obra Quincuagenas señala:

“Antonio de Leiba del antiguo solar y casa de Leiba del cual fue señor y yo le conocí al anciano y valiente caballero, capitán de cien hombres de armas de los Reyes Católicos Juan Martínez de Leiba, cabeza de este linaje y mayorazgo cuyo hijo mayor y menor fue Sancho Martínez de Leiba y el segundo fue este señor Antonio de Leiba príncipe de Ascoli en el reino de Nápoles”.

Ambas versiones señalan como 1480 la fecha de su nacimiento. En la Historia Militar de España se vuelve a señalar como lugar de su nacimiento “un pueblecito de la provincia de Navarra, siendo descendiente de un tal Juan de Leiba, que a principios del siglo XV había construido un castillo en la villa de Leiba, situado en la provincia de Logroño y a 11 kilómetros de Santo Domingo de la Calzada y a 20 kilómetros de Haro”.

Muy pronto se enroló en el ejército y participó en la guerra de las Alpujarras (1501) contra los moriscos sublevados y luego formó parte del ejército que pasó a Italia a las órdenes del Gran Capitán (Gonzalo de Córdoba) quien supo valorar la valentía del soldado y fue ascendiéndolo en el escalafón. En 1512 le vemos al frente de una capitanía de infantes  participando en la batalla de Rávena en la que fue herido. En 1523 marcha hacia Milán al frente de 6.000 hombres después de que los franceses hubieran invado Italia con el rey Francisco I al frente. Viéndose acorralado por el ejército galo, muy superior en número, se refugia en Pavía el 28 de octubre de 1524. La ciudad estaba muy mal protegida y desabastecida a causa de haber sufrido la peste en fechas recientes. El capitán español se afana en reconstruir como bien puede las murallas de la ciudad. Hubo intentos de soborno por parte del rey francés para que Antonio de Leiba entregara la ciudad, pero sin éxito; se sucedieron una serie de batallas en las que los franceses quisieron tomar la ciudad sin conseguirlo y en la que los franceses sufrieron muchas bajas. El rey ordenó la retirada en espera de buscar otras formas de ataque. Para ello intentó desviar el río Tesino que defendía la ciudad por un lado y quemó los molinos para dejar sin harina a la ciudad. Una lluvia torrencial destruyó las obras francesas cuando ya estaban casi terminadas, y Antonio de Leiba hizo construir otros molinos dentro de la ciudad en previsión de la destrucción que llevaría a cabo el galo de los que estaban en el río. El sitio llevó a los soldados a no cobrar sus pagas y a la población a pasar necesidad y al capitán a no tener con qué hacer frente a tanta penuria. Impuso tributos y limosnas a los ciudadanos y la obligación de dar comida a los soldados, ordenó fundir la plata de la vajilla para poder convertirla en moneda con que pagar al ejército y recibió 3.000 escudos del marqués de Pescara. Con todo llegó febrero de 1425 y los franceses lanzan un ataque definitivo el día 25 para hacerse con la ciudad, de Leiba sale de la ciudad (haciéndose llevar en una silla debido a que estaba enfermo) con unos mil soldados y ataca a los franceses por la retaguardia haciendo prisionero al propio rey francés. La defensa de Pavía, elogiada por el propio Francisco I, le valió el gobierno del milanesado y el título de príncipe de Ascoli. En 1528 triunfó con un puñado de soldados ante los duques de Urbino, Sforzo y Saint Pol aliados de los franceses.

En septiembre de 1529 Carlos V ordenó a Antonio de Leiba que se presentase en Plasencia con ocasión de un viaje del Emperador a Italia, pues deseaba conocer personalmente al afamado capitán. De esa época data la anécdota del aprecio dado por el emperador en público a Antonio de Leiba. Se cuenta que en una revista de comisario el propio emperador se presentó con una pica en la mano, y al llegarle el turno de desfilar ante el contador real, el sargento mayor y el maestre de campo, éste se puso en pie sorprendido y le preguntó qué concepto debía escribir en la reseña, a lo que el emperador contestó: “Carlos de Gante, soldado del tercio del valeroso Antonio de Leiba”.

En 1529 Carlos V le ordenó que pasase a Bolonia para asistir a las fiestas de su coronación por el papa Clemente. En medio de aquella ceremonia otra escena llamó la atención de la concurrencia: la de los soldados alemanes y españoles llevando a hombros a su capitán Antonio de Leiba mientras los prelados y el clero entonaban Te Deum.

En 1533 fue nombrado generalísimo de la liga defensiva formada a instancias del emperador de entre todos los estados italianos, a excepción de Venecia. En 1536 acompañó al emperador durante sus campañas de Africa.

En 1536 se reanudó la guerra entre Francisco I y Carlos V. Antonio de Leiba era prácticamente el general en jefe de las tropas reunidas por el emperador en Italia, puesto que eran sus consejos y parecer los que seguía Carlos V. Leiba puso sitio a la plaza de Tossano con 15.000 soldados alemanes, españoles e italianos, tomándola tras un mes de cerco. Luego aconsejó al emperador que se internara en suelo francés hasta llegar a la corte de Francisco I en París, en contra de la opinión de la mayoría del resto de generales. En aquella expedición Leiba murió con 56 años en la localidad de Aix como consecuencia de la gota que padecía desde hacía varios años. La muerte de Antonio de Leiba fue muy sentida por Carlos V y una de las causas que decidieron la retirada de su ejército de suelo francés en octubre de 1536.

Su cuerpo fue trasladado a Milán y enterrado en la iglesia de San Dionisio.

Antonio de Leiba, príncipe de Ascoli, marqués de Stela, conde de Monza, Grande de España, comendador de Yeste en la orden militar de Santiago y miembro del Consejo de Estado y Guerra  dejó a su muerte cerca de 200.000 ducados a su única hija, Constanza, que se convirtió en “la primera gran dote sin mayorazgo de aquellos tiempos de España”.

 Robertson (Historia de Carlos V, 1841) describe de este modo a Antonio de Leiba:

Jefe militar español “oficial superior de una clase distinguida, de gran experiencia, bizarro, sufrido y enérgico, fecundo en recursos, deseoso de sobrepujar a los demás, tan acostumbrado a obedecer como a mandar, y porlo mismo capaz de intentarlo todo y sufrirlo todo por salir airoso en sus empresas”. (Tomo II, pág.241).

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