
Edificio del siglo XVIII dedicado al culto de la vírgen Peregrina. Ha sufrido varias transformaciones a lo largo de los años.
Construcción de sillería, sillarejo y mampostería: de una nave de tres tramos, el primero cuadrado y de cabecera rectangular, sobre cuyo testero está la sacristía. Se cubre con lunetos, excepto el primer tramo con aristas, sobre arcos rebajados y pilas toscanas. A los pies hay coro alto. Ingreso adintelado al sur, en el segundo tramo. Espadaña de un cuerpo sobre el muro de los pies. Es edificio barroco del XVIII, restaurado en varias ocasiones.
Al interior, retablo de un cuerpo de tres calles y ático, rococó de la segunda mitad del XVIII, obra de Lázaro de Leyba, con imágenes de la Virgen Peregrina, titular, Cristo con la cruz a cuestas (Ecce Homo), coetáneas, san Antón y san Vítores (0,37), desaparecidas en un robo en los años 70, actualmente hay dos imágenes modernas de san Benito Menni y san Ricardo Pampuri. Los frescos son de don Anastasio Azcona Fernández-Magariños (Cura Párroco) principio del S XX y representan un coro de Ángeles. Hay una imagen de san Isidro Labrador patrono de los agricultores, que se utiliza para la bendición de los campos el 15 de Mayo, coetánea.
Lámpara de forja estilo riojano:1,20 x 1,60 y 90 k. Obra del artista riojano D. Julián Tofé (Bañares) que la realizo en 1.986. ha sido donada por el Centro riojano de Madrid
En el exterior, existe un crucero sin crucifijo o picota, junto a la ermita, que data del S. XVI.

Iconografía:
La imagen representa a la Virgen y el Niño ataviados con la indumentaria de peregrino; esclavina y capa con veneras, sombrero de ala ancha con distintivos jacobeos, calabaza de San roque, morral y bordón.
Cronología: siglo XVIII, hacia 1765. Estilo: Rococó
Características de la Imagen:
En realidad se trata de un conjunto formado por la imagen de la Virgen, ( 90 x 55 x 31 cm) la imagen del niño ( 53 x 34 x 20, cm.) y la correspondiente base ( 74 x 42 x 8, cm). Ambas imágenes se anclan a la base mediante dos espigos de sección cuadrangular, y se aseguran los anclajes con tornillos.
Descripción
La imagen e la Virgen se representa en posición erecta, con la postura en ademán de caminar, porta el bordón en la mano izquierda, en tanto que con la derecha da la mano al Niño. Viste túnica en color blanco azulado con estampados de flores y rocallas, las mangas anchas y con corlas en verde los interiores. Sobre los hombros tiene una esclavina en color negro con cenefas de rocallas en gofrados dorados y conchas con bordones policromadas en su color. Se cubre la cabeza con gorro de peregrino, decorado con conchas. A la cintura lleva la cantimplora en forma de calabaza de san Roque y un pequeño morral dorado. Tiene los ojos de cristal, pendientes y su peinado recogido atrás con moño, calza zapatos negros.
El Niño mantiene una posición similar a la de la Virgen, su túnica es de un azul más intenso con los estampados de flores y adornos en tonos dorados. Porta el bordón en la mano derecha y con la izquierda da la mano a su Madre. Lleva capa de tono marrón con la esclavina negra, y adornos jacobeos en su color y, cenefas de rocalla con gofrados dorados, el interior de la capa imita la piel de armiño. El gorro es prácticamente igual al de la Virgen, en la forma y en la decoración. Tiene los ojos de cristal y también calza zapatos en color negro. Lleva a la cintura la cantimplora y el morral ambos iguales en la forma pero mas reducidos de tamaño.
La base imita un suelo de pradera, con tonos naturales.
El artista ha sabido contar la historia siendo muy diestro en el empleo del lenguaje de las figuras. Así, con la sola contemplación de ellas, se ha hecho oír y escuchar, despertando interés tomando parte activa, con lo que ha conseguido su fin último, que es estimular su devoción.
(Por el culto párroco que fue de Leiva D. Carmelo Tecedor Hernáez)
Entre viñas y trigales
Bajo el cielo de Rioja Alta
Una mujer con su niño
De la mano caminaba
Decía el niño a su madre:
¿Está lejos la posada?
Y la mujer respondía
Ya estamos cerca, hijo, anda.
Atardecía y las nubes
Oro y fuego, allá lejanas
Eran espléndida corte
De la tarde arrebolada
Era la villa de Leiva
Junto a su vieja calzada
Un castillo milenario
Contaba guerras y hazañas
Con su rostro algo tostado
Hecha anhelo la mirada
Con las conchas y sombrero
Zurrón y una calabaza
Iban la madre y el hijo
Por la calzada romana
En su torno iba cantando
El polvo de sus sandalias
De pronto, el peregrinito
Saltando sobre su vara
Interrumpió alegre: ¡ya!
Mira, madre, la posada.
Sobre la hermosa campiña
Como un azul de esperanza
Reposo de peregrinos
Se divisaba la casa
Era un cruce de caminos;
Una tejera quemaba
Su roja tierra y en frente
Envuelto en dulce nostalgia
Un coro de peregrinos
Contaba tiernas plegarias
Un crucero piedra viva
Sobre el suelo allí se alzaba
Y en sus brazos el afán
Del peregrino quedaba.
Abajo Leiva vivía
Su blanca paz mientras amplia
Sobre el viejo campanario
La cigüeña crepitaba.
La paz sea con vosotros
Dijo al llegar nuestra dama.
Y con vos y vuestro niño
Peregrina afortunada.
Pase usted, buena señora
Aunque llega en hora mala.
Suplicó la posadera
Llorando con gruesas lágrimas.
Dígame, buena mujer,
¿Qué le ocurre?. - La desgracia
con sus negras alas hoy
ha penetrado en mi casa.
Yo tenía un hijo hermoso
Como ese vuestro; y acaba
De morírseme, señora,
¡Hijito de mis entrañas!
El niño de la señora
Miró a su madre, y la gracia
De sus mejillas en flor
Se inundó también de lágrimas.
Pase y verá su cadáver
Dijo el ama infortunada
Allá sobre su camita
Entre blanquísimas sábanas
Con la sonrisa en los labios
Su carne de cera estaba.
¡Pobre niño!. Murmuró
La peregrina ante el ansia
De la madre que, en sollozos,
Sus anhelos desgranaba.
Hijo mío, qué tristeza,
Tu madre desconsolada,
Sin ti quedó en este mundo
Sin luz y sin esperanza.
A la Reina de los cielos
Te consagré una mañana
Y Ella aceptó el sacrificio
Hijito de mis entrañas.
En efecto, una mesita
Había junto a la cama;
Y en el centro un cuadro hermoso
De María Inmaculada
Unas flores y una luz
A la Virgen adornaban.
Dijo el niño peregrino
Al ama de la posada:
Y vos, ¿Amáis a la Virgen?
Mucho, y más quisiera amarla.
Entonces pedidle ahora
Que un milagro aquí os haga.
Niño gracioso, mirad
Estas flores y esta lámpara
Que no cesan de pedirlo
Y son símbolo de mi alma.
Pedid y recibiréis;
Llamad para que se os abra.
La posadera exclamó
Del niño ante las palabras:
¡Oh, qué hijo os dieron los cielos
Peregrina afortunada!.
Y la peregrina dijo:
Oh, sí; y con él la gracia
Hoy ha venido a inundarte
En las mieles de su calma.
Regocijaos, señora;
Vuestra caridad magnánima
Os ha traído el milagro.
Cuando a la Virgen rezabas,
O al cansado peregrino
Recogía vuestra casa
Ella presentaba a Dios
Vuestras obras y plegarias.
Siempre habéis sido piadosa
Caritativa y cristiana.
Ahora, bajo estos disfraces
De peregrina, la paga
Os traemos desde el cielo.
Buena señora, tomadla.
Decid a todos mis hijos
De Leiva, que en la calzada
Vestidos de peregrinos
La Virgen y el Niño estaban;
Que entre ellos quiero vivir
Siendo guión y esperanza
Sobre su vida, que corre
Como el peregrino pasa.
Buena mujer, recibid
De vuestro paso la gracia.
Vuestro hijo, resucitado,
Mirad, que os ríe y os llama.
Y el niño muerto, gritó:
Madre, madre, en la calzada
Una Virgen con su Niño
Pidiendo posada estaba.
La posadera lloró:
Hijito de mis entrañas.
Afuera los peregrinos
Pacíficos dialogaban,
Mientras el sol, entre nubes,
Se ocultaba en lontananza.